De conspiraciones e indisciplinas

EL FUTURO AYER Y LA PROSPECTIVA HOY, PARA EL MAÑANA

José de Jesús Rodríguez Vázquez
jesusdeveracruz1@yahoo.com.mx

Resumen: El presente ensayo es un versión del pasado de la prospectiva hasta el presente actual, plantea la necesidad de la prospectiva en varios campos del saber como necesidad

Palabras Clave: Prospectiva histórica; futuro, Siglo XXI

“Sólo conservando el pasado aprovechable por medio de la memoria
y conquistando el futuro por adelantado por medio de la anticipación,
es que el hombre permanece libre”
Paul Fraisse. The psychology of time( Londres, 1964 , p.172.)

La representación de futuro en el pasado lejano.
La empresa de pensar en el futuro no es una metáfora que pertenezca a alguna era de la humanidad en especial, el hombre se ha aventurado sobre la inquietante idea de develar el futuro con fines espiritualistas o como asuntos estrictamente de Estado. La lectura del futuro en las antiguas civilizaciones se regía entre una constante interpolación entre lo humano y lo divino, el mundo de la religión trascendió gracias a sus profecías, así como en su consulta al oráculo o los augurios. Con estas ideas, las civilizaciones construían sus visiones y llevaban a cabo sus misiones para escribir la historia de la humanidad, como vencedores o vencidos, como quienes estaban llamados a conquistar y quienes asumían un estado de sometimiento.

Podemos hurgar en la maravillosa línea del tiempo y transportarnos hasta eras ancestrales de culturas que ejercían ritos de adivinación con tal de saber lo que sucedería en el porvenir. Según datos del historiador español David Garrido, “la primera constatación de este tipo de cultos al mañana lo encontramos en la religión asirio-babilónica, en textos fechados hacia el año 2000 a.de C ., en la Biblia existen citas al respecto cuando se hace alusión al sueño de Jacob en el cual se profetiza el futuro del pueblo de Israel. Las artes del futuro eran entonces prácticas de nigromantes que acudían a los espíritus de los muertos para adivinar el porvenir , práctica que se extendió hasta pueblos del Próximo Oriente como los hititas, por los cananeos en Palestina; por los fenicios; por los griegos con sus célebres oráculos y también por los romanos y sus sibilas (1)”.

Fascinación, seducción, poder, respeto, temor, esperanza, amenaza, que más podría estimular a la humanidad en su imaginería para saber qué hay más allá de su tiempo, incluso sobre la trascendencia de su misma muerte. Tal es el caso de los asirios que trataban de obtener presagios mediante el examen de las vísceras de animales sacrificados para tal efecto, si los resultados de la observación de los colores, el tamaño y tesituras, especialmente del hígado resultaba en un vaticinio funesto, éste se podía evitar con ritos mágicos para combatir a los demonios. Por su parte, los cananeos en la Palestina del año 2200 A. de C., consultaban por medio de sus reyes a un particular oráculo en el plenilunio del mes de los difuntos para interrogar a los pasados dinásticos. Culturas como la ugarítica desarrollaron otras prácticas adivinatorias como la nigromancia, la aruspicina, tetranomancia y análisis de fetos humanos y animales.

El futuro ha estado presente en la mente del ser humano desde que éste, en relación consigo mismo, en dependencia de la naturaleza y en comunicación con el cosmos pretendió la trasgresión de lo posible y la conquista de lo imposible. Si bien antes el estudio del futuro se relacionaba con situaciones divinas, en la actualidad aborda un enfoque más cientificista y responde a necesidades mucho más complejas que en la arqueología futurista, como el caso de la herramienta prospectiva. Aún el transcurrir del tiempo, algunos pueblos conservan prácticas de adivinación atávicas, conocimientos que se han transmitido de cultura en cultura y se han heredado de generaciones por milenios y que continúan haciendo impacto en el mapa mental de quienes se inquietan con el porvenir.

Hoy todavía podemos escuchar algo similar al mito del presagio de la sibila, creencia que data de la Grecia clásica del siglo V a. De C., en la cual los mantis por medio de la ornitomancia(2), especialmente de la observación de las aves rapaces por su facultad de tocar el cielo hallaban elementos de augurio, tanto en su forma de volar o en la dirección de su vuelo, los animales terrestres que también ayudaban en este afán eran la serpiente y el lagarto. Seres fantásticos, animales divinizados, elementos de la naturaleza al servicio de la esperanza, templos de adoración al porvenir, todos estos elementos se conjugaban en los centros oraculares para proveer a los jerarcas o mandatarios de información y orientarlos en sus decisiones políticas definitorias del rumbo a seguir por sus pueblos. La empiroancia(3) que en la Gracia Clásica gozó de fama privilegiada entre los atenienses pone de manifiesto que los pitagóricos ya ejercían una conciencia ambientalista al oponerse a cualquier holocausto animal, por lo que preferían la empiromancia vegetal o la cledomancia que se remitía a las exclamaciones humanas involuntarias o inconscientes.

La significación de los mensajes divinos era de tal importancia, que surgieron especialistas que interpretaran los sonidos del agua, las voces y otras aportaciones del más allá. En Roma, la evolución de este tipo de creencias sucedió desde la codificación de los designios omnipotentes emanados de la naturaleza, la influencia extranjera de los oráculos hasta verse en la necesidad de acudir a la consulta de otros oráculos como el de Delfos. Las consultas a los oráculos vaticinaban el destino de las civilizaciones y daban los rasgos de sus protagonistas, así, Alejandro Magno se convirtió en el señor de Asia después de cortar el nudo de Gordión(4) y vencer a los persas en Issos.

Tal era influencia de las visiones sobre el futuro en estos instrumentos que después del intento de restauración de la vieja religión pagana, Julaino el Apóstata consultó el oráculo de Delfos y éste le vaticinó su propio final al pronosticar que “el tiempo glorioso oracular había llegado a su fin”, Después, en el año 385 a. de C. Teodosio I el Grande suprimió bajo la fe del cristianismo la invocación al oráculo.

El pasado se ha construido de sueños futuros, Julio César, al llegar en el 69 A. de C a Gades (Cádiz), se angustió ante un sueño donde éste violaba a su madre, los sacerdotes tranquilizaron su consternación al interpretar su presagio y decirle que se avecinaba el imperio ya que la madre de su revelación era la misma Tierra. Al considerar los romanos que las señales celestes necesitaban de alta especialización en su explicación, se crearon colegios especiales para leer los rayos y su dirección, así como el hígado que era considerado la bóveda celeste. En los elementos más variados, los augures y los arúspices dotaban al Senado romano del siglo II de lo necesario para anticiparse a sublevaciones y determinar conquistas estratégicas.

Siempre el mañana ha cumplido una función anticipatoria, ya sea como fantasía profética o como visión. Se acciona desde el presente para enfrentar o redirigir el porvenir. La observación del tiempo que aún no llega y las múltiples imágenes de sus posibles acontecimientos ha reflejado tensiones emocionales colectivas a lo largo de la historia del hombre, como reflejo de sus temores y sus anhelos o como respuesta a la incesante necesidad del hombre de orientarse en un mundo confuso y lleno de contradiciciones.

Con la influencia de sus ancestros, los pueblos herederos de la tradición occidental también se acercaron a la idea de lo futuro desde otros enfoques más racionales y científicos. Los ingleses se dotaron de su Virgilio y le dieron un pasado (El rey Arturo) y un futuro (el Merlín) cuyas aportaciones contribuían significativamente a la construcción del orgullo nacional y por ende a lo que emergería como el imperio inglés. Las profecías de Merlín tenían en su respuesta alcances de enormes dimensiones; como la profecía de la expulsión de los anglosajones de esas tierras; en Venecia sus servicios se enfocaron en poner de manifiesto la enorme corrupción de la iglesia romana (1279). La visión del Merlín era práctica y con intenciones de un escenario futuro mejor que asegurara paz y equilibrio. Taliesin, uno de los últimos Merlines fue el primero en utilizar con un sentido funcionalista el ajuar sacerdotal católico aún siendo pagano, por el hecho de creer que la fusión de ambas religiones en un futuro traería mayor entendimiento que la eliminación de una, por la otra.

Las fantasías futuristas al servicio de la realidad.

Con la evolución de las civilizaciones, la forma de hurgar en el entendimiento del futuro también se ha transformado y ha dejado atrás los presagios fantasiosos y divinizados para buscar respuestas compensadoras de mayor rigor científico. La creencia de un mundo diferente y la necesidad de romper paradigmas en estados históricos de caos ha estimulado a los humanos a diseñar herramientas con base a la experiencia acumulada y al conocimiento transmitido en forma milenaria. Desde el álgebra booleana, las innumerables anticipaciones de Wells(5), la filosofía de Gastón Berger o la pasión marciana de Jim Dator. La idea de saber del futuro ha pasado por la inquietud de imaginar el devenir, inventarlo, proponerlo, calcularlo, o lo que hoy se nos presenta como enorme compromiso: de construirlo.

No se trata de manifestar un interés extremadamente optimista de lo que viene, la acción se dirige más que nunca a revalorar profundamente de dónde venimos, es decir, rescatar todas aquellos elementos que nos han conformado en lo que somos como individuos y como especie, finalmente, somos la acumulación de muchos futuros deseados en un pasado o la consecuencia de la inopia de quienes nos preceden, indiferentes ante el eslabón siguiente temporo-espacial.

Es de esta forma como “el saber de los demás aplicado al nuestro” y al de cada uno de los estudiosos que han aportado en el desarrollo de la humanidad nos compete en una distribución social de ese conocimiento para bien y preservación de lo mejor que se nos ha dotado: la vida. Ya antes Kepler anticipó imaginativamente lo que había en la luna por medio de las matemáticas y Renan se aventuró en descifrar los enigmas de la religión del futuro hecho que influenciara a su discípulo Anatole France al narrar la vida de uno de sus personajes que después de ir a dormir en el año 1903 despierta en el 2227 como ciudadano de una Federación de Naciones, o las maravillosas historias de Verne ubicadas en el ayer y mañana de un periodista americano en el siglo XXIX. Con estos testimonios, la composición dialéctica del futuro se vierte holística e inagotable, desde la imaginería, la religión, la ciencia, la ficción, el arte y la misma cultura.

Sin embargo, no siempre esta expectación ha discernido entre lo divino y lo ficticio, también la experiencia sobre la realidad ha arrojado valiosas aportaciones que hacen uso ya de nuevas disciplinas producto de la condición evolutiva del hombre y su relación con la técnica. Malthus mostró gran preocupación en el siglo XVIII por la multiplicación proporcional de la población en Inglaterra en relación con la alimentación. Vemos entonces en el Ensayo sobre los principios de la población (1798) de Malthus “el acento en la especulación de alto nivel sobre el futuro y pasado tal como estos afectan a los seres humanos”(6).

Una representación similar fue exteriorizada por Marx y Engels quienes “creían que el futuro podía ser predecido intuitivamente si se descifraba dialécticamente el pasado y el presente. Considerando la interacción del continuo perfeccionamiento tecnológico de la lucha de clases”.(7)

El enfoque de la psicología sobre el futuro fue parte también de las prácticas mánticas en Sigmund Freud. Si bien sus estudios se adentraron a la indagación del súper Yo desde su sentido ultrarepresivo, también proyectaron innumerables estados de la conciencia ante la angustia de aquello que manifestaban los sueños de sus pacientes. Descartó con ello la negación de la validez de las repercusiones oníricas en la vida de los seres humanos; los sueños al ser representados en deseo idealizado son llevados por el soñador al futuro. Freud y Marx compartieron entonces la misma visión, la freudiana que justificaba la congoja por el futuro y la Marxista por el tiempo.

De la profecía a la actitud

La historia del futuro en un pasado es fascinante, ecléctica y de alcance multidimensional. Me ha sucedido que a veces, al pasar frente a un cementerio, estar en la sala de un museo observando imponentes óleos de hombres y mujeres o mirar los bustos de personajes históricos en edificios antiguos me he hecho a la audaz idea de preguntar a algunos llamándoles en silencio por el nombre escrito en sus epitafios y placas conmemorativas.- Señor, señora, mire a su derredor y dígame: ¿Imaginó alguna vez en su tiempo que el mundo sería lo que ahora ve?. – Mi capacidad de admiración se expande cuando pienso en la respuesta de Mozart; Cervantes; Luis XIV; Shakespeare; Marie Curie o Galileo. Casi concibo la expresión de Newton o Bolívar o el gesto de Juana de Asbaje o el emperador azteca Moctezuma entre muchos más que han pasado por mi mente, además de pensar en la impávida mirada de todos aquellos que yacen en sus tumbas sin ser remembrados, de la gente común que ha pasado por esta tierra: madres, profesores, soldados, campesinos, sacerdotes, en fin todo aquel ciudadano de esta tierra en quien el presente es parte de su continuidad en la materia y a veces en el pensamiento.

Sin embargo, según mi parecer, la mayoría de estos personajes coincidirían en que nunca antes el futuro se ha visto como se ve ni como se asume actualmente. Las cosas han ido demasiado rápido para las últimas generaciones lo que nos hace remontarnos a la puntual metáfora que Gastón Berger ya exponía en la década de los cincuentas: “Nuestra civilización es comparable a un carro que corre cada vez a mayor velocidad sobre una ruta desconocida al anochecer. Se necesita que las luces puedan ver cada vez más lejos para evitar la catástrofe(8)”. Si bien se ha identificado que la humanidad se ha transformado como nunca antes en las tres últimas generaciones, debemos considerar con especial responsabilidad que lo hará en forma más impactante durante las tres décadas que están por venir.

¿Qué es lo que hace diferente a esta época de las que nos anteceden? Tal vez es que las culturas de antes se desarrollaban en rangos tendenciales que les aprovisionaban de cierta seguridad y fijaban los límites de su acción, estaban en aparente condición con su medio, se sabía del comportamiento cíclico en el ambiente, en los sistemas políticos, en la economía y en la sociedad, sin embargo el rasgo más significativo que marca total diferencia entre el tiempo de hoy con el pasado es el avance en la ciencia y la tecnología. Por ende, hablar de ciencia y tecnología nos obliga a pensar el futuro en un espectro proactivo y responsable debido a que el desarrollo de la tecnología durante el siglo XX y ahora en el siglo XXI plantea nuevos paradigmas que exigen respuestas más complejas y de mayor velocidad.

La intención de vislumbrar el futuro en quienes nos preceden desde las culturas más remotas y el ser humano de hoy parecen coincidir con la teoría de Darwin que habla del progreso de estructuras adaptativas y resolutivas en respuesta a las características en que cada era funciona. Lo que nos sitúa ante la lógica de gran influencia de la prospectiva desde la primera mitad del siglo anterior como respuesta a una humanidad que exigía nuevas respuestas ante sus escenarios devastadores y decadentes, tendencia que se ha visto enriquecida en los albores del año 2000 antela llegada del legendario cruce entre dos milenios.

Desde la década de los cincuentas, son dos los contextos que marcan la vanguardia en la usanza de futurar. Por una parte, el enfoque norteamericano impulsó después de la Primera Guerra Mundial por medio de la RAND (Research And Developement) el uso de la prospectiva con fines políticos de estado y con la intención de anticipación como función de pueblo de conquista, así, los pensadores de la escuela norteamericana han dotado a las grandes compañías de conocimiento prospectivo como Russell L. Ackoff que ha transmitido su experiencia en soluciones de previsión para las fuerzas armadas en armas de defensa para las empresas que subsiste en un medio de creciente competitividad.

Francia, a la cabeza de Gastón Berger inició el intento de pensar el futuro y asumir la acción en el presente para su posible redefinición. La prospectiva, denominada así por Berger, sería desde entonces una herramienta que diferiría de todas las formas pasadas de estudiar y enfrentar el devenir para estructurarse como un instrumento de análisis holistico naciente de la mano de la acción creativa y oportuna. Con el uso de la prospectiva, entender el futuro comenzó a dejar de ser un misterio ante una visión susceptible de la vida en todas sus dimensiones en un caótico transcurrir del siglo XX caracterizado entre otras cosas por las peores guerras en la historia de la humanidad.

La idea del devenir dejó de verse como presagio y se comenzó a asumir entonces con una óptica de examen profundo acerca de una variación de dilemas y su relación a la teoría del caos dirigidas principalmente a la adaptación anticipada en un entorno vertiginoso y cambiante del mundo de la posguerra. En años posteriores, el estudio prospectivo se ha implementado en países como Rusia, Israel, España, Japón y en América Latina, como es el caso de Argentina, Colombia y México (en algunos ámbitos), lo que parece afirmar que la acción responsable tenderá a desplazar al temor y la creatividad a la sugestión de los antiguos discípulos de las pitonisas y los oráculos.

El papel de las universidades en lo futurible.

En la línea de la academia, los grandes actores en el estudio de los futuros posibles para la humanidad han sido las universidades que han creado modelos de análisis crítico y ético con premisa científica. Jim Dator, académico de la Universidad de Hawaii ha incursionado desde hace más de una década en temas como la política marciana y las posibles estructuras sociales en el planeta rojo después de una probable colonización terrícola. Ya antes, Hans L. Lindemann, filósofo argentino de la era peronista había imaginado las posibles formas de vida en Marte y las enseñanzas que éstos podían compartir en un mundo colapsado en los años cuarenta en su extraordinaria Filosofía social del futuro(9). Visiones coincidentes y acciones reales, lo cierto es que a la fecha, investigadores de la NASA, la Universidad Veracruzana y la UNAM llevan a cabo exploraciones en el cráter del volcán Citlaltépetl (Pico de Orizaba) en el Estado de Veracruz para analizar las condiciones bajo las cuales crece vegetación en un clima con características casi idénticas al clima marciano.
La Universidad de Houston, también promueve estudios de posgrado sobre temas de futuro a la cabeza del investigador Peter Bishop y en Canadá la Universidad Simon Raser hace lo mismo. En México éstos intentos ya son una realidad en grupos de investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad de Guadalajara y el instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey.
La recuperación del sujeto nos hace pensar que somos los grandes protagonistas de la era de la responsabilidad, a tal grado que ahora ya no sólo se habla de desarrollo sustentable, sino además de desarrollo restaurable y existen proyectos que han iniciado en esta línea de acción como la reconstrucción de Afganistán y áreas que han sido devastadas por la explotación desmedida de recursos naturales, lo que muestra que el ser humano del siglo XXI está más que obligado a formular y asumir nuevas actitudes de cambio con alto grado de compromiso hacia las generaciones venideras que quienes nos anteceden.

Comunicar el futuro

Somos quienes habitamos en este tiempo seres de la era de la transición. Los mitos y realidades del siglo XX han dejado de pertenecernos y nos situamos ahora en un punto de inflexión extraordinaria. A partir de el arribo del año 2000. terminaron muchas especulaciones con relación a los futuros del mundo alimentados por la ciencia ficción. Finalizó un siglo y un milenio que trae consigo numerosos y diferentes paradigmas. Somos nosotros los herederos no sólo del inmensurable conocimiento de nuestros ancestros, sino de la enorme responsabilidad de sus decisiones en múltiples aspectos, tanto de visión como de ceguera. También somos seres de múltiples posibilidades que pueden impactar mucho más allá de lo actual; la trascendencia para nosotros de contar con una herramienta prospectiva radica en que no somos sujetos a conformarnos ahora con un futuro determinista en el cual no seremos más que espectadores. Las posibilidades se expanden y dejan a nuestro albedrío si queremos construir un futuro que deseamos o permitimos que alguien más lo haga.

Recuerdo mucho la lección de Daniel Valenti, Asesor del Subnodo Chaco, Argentina, cuando ejemplificaba ante estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México cómo en la crisis reciente que sacudió a su país fueron muchos los actores que decidieron enfrentar de cara a un futuro que les había llegado en forma intempestiva como el aguijón de avispa y les había arrojado grandes y dolorosas lecciones. El caso de Argentina es sólo uno entre muchos que podemos citar, afortunadamente, ante la adversidad, el pueblo argentino y en este caso los ciudadanos de la ciudad de Resistencia no sólo se han dado a la tarea de resolver lo inmediato, sino de construir alternativas para prevenir las consecuencias de estos escenarios como la plausible apertura del centro de Investigación para la paz en el que se asumía el problema de la violencia como de “nosotros y no de los otros”.
La vida del ciudadano del siglo XXI requiere de algo más que creatividad, implica la participación potencial de todos los que habitamos este mundo y la necesidad e invención de escenarios de acción prospectiva que refuten el significado etimológico (del latín) de la misma palabra: “llegar lejos”. Siempre, cualquier presente será más llevadero y esperanzador con una visión de futuro.

Coincido con muchos futurólogos en el sentido de la gran velocidad del cambio y la incertidumbre que nos impacta. En la llamada era de la información y la era del conocimiento, tenemos que asumir la intención de adaptabilidad ante las herramientas tecnológicas que nos permitan preservar nuestro sentido como culturas con características definitorias frente a los demás e incursionar en la dinámica global de transmitir el conocimiento a la sociedad que busca respuestas ante problemáticas cada vez más perturbadoras.

Debemos comunicar el futuro por que no somos nosotros quienes debemos dar solución a toda la maraña universal en que vivimos. Cada individuo, desde su contexto puede asumir un compromiso individual, comunitario y local con visión global. El problema esencial del futuro es la comunicación, es decir, cómo es que podremos transmitir en forma responsable a cada uno de los demás lo que puede y no acontecer, el futuro no es de unos cuantos, todos llegaremos a él y todos debemos movilizar nuestros esfuerzos para lograr escenarios futuros satisfactorios que nos alejen de lo funesto.

¿Cómo entonces, vamos a hacer los ciudadanos del tercer milenio para lograr que cada quien vea que lo que sucede no es más que el preludio de lo que puede suceder si no nos apropiamos del porvenir. El futuro se vuelve más construible si se empeña desde la colectividad y las habilidades compartidas. Para esto, la ciencia y la tecnología pueden ser nuestros grandes aliados como lo menciona Ackoff: “Los problemas que elegimos para resolver y la forma de formularlos dependen más de nuestra filosofía y percepción del mundo que de nuestra ciencia y tecnología(10)”.
En ocasiones, algunos ejercicios mentales de retrospectiva, obligada para entender el presente me pregunto si en un pasado quienes planearon nuestras ciudades en México vislumbraron que la suma de los habitantes en la Ciudad de México superaría los veinte millones y que sería conurbada por los el municipio de mayor crecimiento en las últimas décadas a nivel mundial como es Ciudad Nezahualcóyotl. No me imagino las imágenes que el pintor mexicano José María Velazco hubiese plasmado en sus paisajes del Valle de México. O si en la década de los ochenta se hubiese comunicado responsablemente y –por que no decirlo- con un sentido de amor sobre las consecuencias de la pandemia del SIDA a finales del 2000. Mucho nos ahorraríamos ahora, tanto en impacto a la economía, como a los valores de la sociedad y la familia, grandes amenazas a la seguridad humana hubieran disminuido con ayuda de una comunicación visionaria.

Como ejemplo, quiero compartirles una “nota curiosa” que la prensa publicó en el 2003 una sobre la suspensión de un torneo de trineos en Alaska. El torneo Iditarod no había modificado su circuito de mil 850 kilómetros desde hace veinte años, en el 2003 el desfile salió desde Anchorage sólo con fines de espectáculo, el motivo: la ausencia de nieve. Los habitantes de Alaska cambiaron los hábitos del trineo por los esquís acuáticos sobre un lago que solía estar eternamente congelado. Alaska es más caliente desde hace casi ya veinte años por las variaciones climáticas y el calentamiento global. Este hecho va más allá del folklore de los iglúes y las capuchas rebosantes de pieles apeluzadas. Las autoridades han obligado ya la sustitución de edificios y carreteras antaño construidas sobre gruesos bloques helados en su traslado por peligrar ahora sobre ríos lodosos y líquidos(11). El impacto ambiental de Alaska no sólo implica aspectos de nieve y agua, en un futuro, regiones enteras corren el riesgo de catástrofes además de ambientales, sociales ante la pérdida de playas, las migraciones ecológicas o la lucha por los recursos aún rescatables.

La información que compartamos con nuestros contemporáneos ofrece frutos inmediatos, al mediano y al largo plazo. Si sabemos transmitir los factores de que depende la sustentabilidad humana en el siglo XXI, habremos ganado batallas a la pobreza, al hambre, a la violencia, a la exclusión a las enfermedades, al terrorismo y a muchas de las grandes amenazas para la humanidad.
También, hemos de construir con ayuda de la herramienta prospectiva futuros de educación, de conocimiento, de democracia y de una equilibrada explotación de los recursos y una ética administración de los mismos. Asimilaríamos los impactos de la globalización desde una visión compartida y solidaria desde la sociedad civil responsable, desde un mercado justo y estados transparentes y democráticos. Tal vez existan repercusiones en el medio ambiente, en el agua, en la flora y la fauna irreversibles, pero podemos construir una conciencia de preservación que nos asegure que lo que queda no se perderá.

Notas:
(1)Garrido, reportaje especial Revista Clío, Madrid Febrero 2004-08-10
(2)Esta técnica de adivinación basaba su conocimiento en los actgos de los animales, los cuales, carentes de voluntad, podían trasmitir los designios divinos.
(3)Acción relacionada a la alta aruspicina que mediante el fuego reflejaba los signos de adivinación hay que las víctimas eran condimentadas para su consumo de tal manera que el elemento de la lectura era la evolución del humo.
(4)A esta leyenda se debe la historia del nudo Gordiano. Gordion, era una ciudad de Anatolia, capital de Gordia. Alejandro pasó por la ciudad en el 333 a. de C., cortó el nudo cumpliendo al pronóstico del oráculo.
(5)H. G. Wells proyectaba una imagen darwiniana al considerar que las especies transmitían su configuración alterada a un futuro lejano donde la selección natural actúa solamente por el bien de cada ser y sus dotes corporales y mentales tenderían a un progresión perfeccionista.
(6) Amytage, W.G.H., Visión histórica del futuro. Ed. Península, Barcelona, 1968.
(7)Amytage, W.G.H., op.cit.,p35
(8)Tomado de “La actitud prospectiva” texto de Gaston Berger publicado originalmente en francés en Reveu Prospective, núm.1, 1958. Traducción Eduardo Hernández Gonzáles. Dossier, revista Universidad de Guadalajara, num. 26. México.
(9)Hans, L Lindemann, “Filosofía social del futuro”, Ed. problemas de América, Buenos aires, 1942.
(10) Russell, L. Ackoff, Rediseñando el futuro, Ed. Limusa, México, 1997, p.9.
(11)Periódico Reforma. Febrero 16 del 2003 . Sección Internacional.

Bibliografía
- Ackoff, L. Rusell, Rediseñando el futuro, México, Edimusa, 1987.
- Amnytage, W.G.H; Versión Histórica del Futuro, Barcelona, Edo.Peninsula,1968
- Dror, Yehezkel, Enfrentando el futuro, México FCE, 1990.
- Linderman, Hans, Filosofía social del futuro, Buenos Aires, Edición problemas de América, 1943.
- Miklos, Tomás y Tello, María Elena, Planeación Prospectiva, México, Centro de Estudios Prospectivos de la Fundación Javier Barros Sierra A.C. y Limusa Editores, 2002.
- Millán, Julio A, Alonso, Concheiro Antonio, México 2030; Nuevo siglo, nuevo país, México, FCE, 2000.
- Toffler, Alvin, El cambio del poder, Barcelona, Plaza & Janes, 1998.
- Clío, Madrid, febrero 2004.
- Revista Universidad de Guadalajara, Dossier: futuro y prospectiva, Guadalajara, No. 26
- World Future Society Capítulo Mexicano, A.C. OUTLOOK 2004.
- Los futuros del mundo, alternativas para México, World Future Society Capítulo Mexicano, A.C. Memoria Noviembre 2003.


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