De
conspiraciones e indisciplinas
EL FUTURO AYER Y LA PROSPECTIVA HOY, PARA EL MAÑANA
José
de Jesús Rodríguez Vázquez
jesusdeveracruz1@yahoo.com.mx
Resumen:
El presente ensayo es un versión del
pasado de la prospectiva hasta el presente actual, plantea la necesidad
de la prospectiva en varios campos del saber como necesidad
Palabras
Clave: Prospectiva histórica; futuro, Siglo XXI
“Sólo
conservando el pasado aprovechable por medio de la memoria
y conquistando el futuro por adelantado por medio de la anticipación,
es que el hombre permanece libre”
Paul Fraisse. The psychology of time( Londres, 1964 , p.172.)
La representación
de futuro en el pasado lejano.
La empresa de pensar en el futuro no es una metáfora que pertenezca
a alguna era de la humanidad en especial, el hombre se ha aventurado
sobre la inquietante idea de develar el futuro con fines espiritualistas
o como asuntos estrictamente de Estado. La lectura del futuro en las
antiguas civilizaciones se regía entre una constante interpolación
entre lo humano y lo divino, el mundo de la religión trascendió
gracias a sus profecías, así como en su consulta al oráculo
o los augurios. Con estas ideas, las civilizaciones construían
sus visiones y llevaban a cabo sus misiones para escribir la historia
de la humanidad, como vencedores o vencidos, como quienes estaban llamados
a conquistar y quienes asumían un estado de sometimiento.
Podemos hurgar en
la maravillosa línea del tiempo y transportarnos hasta eras ancestrales
de culturas que ejercían ritos de adivinación con tal
de saber lo que sucedería en el porvenir. Según datos
del historiador español David Garrido, “la primera constatación
de este tipo de cultos al mañana lo encontramos en la religión
asirio-babilónica, en textos fechados hacia el año 2000
a.de C ., en la Biblia existen citas al respecto cuando se hace alusión
al sueño de Jacob en el cual se profetiza el futuro del pueblo
de Israel. Las artes del futuro eran entonces prácticas de nigromantes
que acudían a los espíritus de los muertos para adivinar
el porvenir , práctica que se extendió hasta pueblos del
Próximo Oriente como los hititas, por los cananeos en Palestina;
por los fenicios; por los griegos con sus célebres oráculos
y también por los romanos y sus sibilas (1)”.
Fascinación,
seducción, poder, respeto, temor, esperanza, amenaza, que más
podría estimular a la humanidad en su imaginería para
saber qué hay más allá de su tiempo, incluso sobre
la trascendencia de su misma muerte. Tal es el caso de los asirios que
trataban de obtener presagios mediante el examen de las vísceras
de animales sacrificados para tal efecto, si los resultados de la observación
de los colores, el tamaño y tesituras, especialmente del hígado
resultaba en un vaticinio funesto, éste se podía evitar
con ritos mágicos para combatir a los demonios. Por su parte,
los cananeos en la Palestina del año 2200 A. de C., consultaban
por medio de sus reyes a un particular oráculo en el plenilunio
del mes de los difuntos para interrogar a los pasados dinásticos.
Culturas como la ugarítica desarrollaron otras prácticas
adivinatorias como la nigromancia, la aruspicina, tetranomancia y análisis
de fetos humanos y animales.
El futuro ha estado
presente en la mente del ser humano desde que éste, en relación
consigo mismo, en dependencia de la naturaleza y en comunicación
con el cosmos pretendió la trasgresión de lo posible y
la conquista de lo imposible. Si bien antes el estudio del futuro se
relacionaba con situaciones divinas, en la actualidad aborda un enfoque
más cientificista y responde a necesidades mucho más complejas
que en la arqueología futurista, como el caso de la herramienta
prospectiva. Aún el transcurrir del tiempo, algunos pueblos conservan
prácticas de adivinación atávicas, conocimientos
que se han transmitido de cultura en cultura y se han heredado de generaciones
por milenios y que continúan haciendo impacto en el mapa mental
de quienes se inquietan con el porvenir.
Hoy todavía
podemos escuchar algo similar al mito del presagio de la sibila, creencia
que data de la Grecia clásica del siglo V a. De C., en la cual
los mantis por medio de la ornitomancia(2), especialmente de la observación
de las aves rapaces por su facultad de tocar el cielo hallaban elementos
de augurio, tanto en su forma de volar o en la dirección de su
vuelo, los animales terrestres que también ayudaban en este afán
eran la serpiente y el lagarto. Seres fantásticos, animales divinizados,
elementos de la naturaleza al servicio de la esperanza, templos de adoración
al porvenir, todos estos elementos se conjugaban en los centros oraculares
para proveer a los jerarcas o mandatarios de información y orientarlos
en sus decisiones políticas definitorias del rumbo a seguir por
sus pueblos. La empiroancia(3) que en la Gracia Clásica gozó
de fama privilegiada entre los atenienses pone de manifiesto que los
pitagóricos ya ejercían una conciencia ambientalista al
oponerse a cualquier holocausto animal, por lo que preferían
la empiromancia vegetal o la cledomancia que se remitía a las
exclamaciones humanas involuntarias o inconscientes.
La significación
de los mensajes divinos era de tal importancia, que surgieron especialistas
que interpretaran los sonidos del agua, las voces y otras aportaciones
del más allá. En Roma, la evolución de este tipo
de creencias sucedió desde la codificación de los designios
omnipotentes emanados de la naturaleza, la influencia extranjera de
los oráculos hasta verse en la necesidad de acudir a la consulta
de otros oráculos como el de Delfos. Las consultas a los oráculos
vaticinaban el destino de las civilizaciones y daban los rasgos de sus
protagonistas, así, Alejandro Magno se convirtió en el
señor de Asia después de cortar el nudo de Gordión(4)
y vencer a los persas en Issos.
Tal era influencia
de las visiones sobre el futuro en estos instrumentos que después
del intento de restauración de la vieja religión pagana,
Julaino el Apóstata consultó el oráculo de Delfos
y éste le vaticinó su propio final al pronosticar que
“el tiempo glorioso oracular había llegado a su fin”,
Después, en el año 385 a. de C. Teodosio I el Grande suprimió
bajo la fe del cristianismo la invocación al oráculo.
El pasado se ha
construido de sueños futuros, Julio César, al llegar en
el 69 A. de C a Gades (Cádiz), se angustió ante un sueño
donde éste violaba a su madre, los sacerdotes tranquilizaron
su consternación al interpretar su presagio y decirle que se
avecinaba el imperio ya que la madre de su revelación era la
misma Tierra. Al considerar los romanos que las señales celestes
necesitaban de alta especialización en su explicación,
se crearon colegios especiales para leer los rayos y su dirección,
así como el hígado que era considerado la bóveda
celeste. En los elementos más variados, los augures y los arúspices
dotaban al Senado romano del siglo II de lo necesario para anticiparse
a sublevaciones y determinar conquistas estratégicas.
Siempre el mañana
ha cumplido una función anticipatoria, ya sea como fantasía
profética o como visión. Se acciona desde el presente
para enfrentar o redirigir el porvenir. La observación del tiempo
que aún no llega y las múltiples imágenes de sus
posibles acontecimientos ha reflejado tensiones emocionales colectivas
a lo largo de la historia del hombre, como reflejo de sus temores y
sus anhelos o como respuesta a la incesante necesidad del hombre de
orientarse en un mundo confuso y lleno de contradiciciones.
Con la influencia
de sus ancestros, los pueblos herederos de la tradición occidental
también se acercaron a la idea de lo futuro desde otros enfoques
más racionales y científicos. Los ingleses se dotaron
de su Virgilio y le dieron un pasado (El rey Arturo) y un futuro (el
Merlín) cuyas aportaciones contribuían significativamente
a la construcción del orgullo nacional y por ende a lo que emergería
como el imperio inglés. Las profecías de Merlín
tenían en su respuesta alcances de enormes dimensiones; como
la profecía de la expulsión de los anglosajones de esas
tierras; en Venecia sus servicios se enfocaron en poner de manifiesto
la enorme corrupción de la iglesia romana (1279). La visión
del Merlín era práctica y con intenciones de un escenario
futuro mejor que asegurara paz y equilibrio. Taliesin, uno de los últimos
Merlines fue el primero en utilizar con un sentido funcionalista el
ajuar sacerdotal católico aún siendo pagano, por el hecho
de creer que la fusión de ambas religiones en un futuro traería
mayor entendimiento que la eliminación de una, por la otra.
Las fantasías
futuristas al servicio de la realidad.
Con la evolución
de las civilizaciones, la forma de hurgar en el entendimiento del futuro
también se ha transformado y ha dejado atrás los presagios
fantasiosos y divinizados para buscar respuestas compensadoras de mayor
rigor científico. La creencia de un mundo diferente y la necesidad
de romper paradigmas en estados históricos de caos ha estimulado
a los humanos a diseñar herramientas con base a la experiencia
acumulada y al conocimiento transmitido en forma milenaria. Desde el
álgebra booleana, las innumerables anticipaciones de Wells(5),
la filosofía de Gastón Berger o la pasión marciana
de Jim Dator. La idea de saber del futuro ha pasado por la inquietud
de imaginar el devenir, inventarlo, proponerlo, calcularlo, o lo que
hoy se nos presenta como enorme compromiso: de construirlo.
No se trata de
manifestar un interés extremadamente optimista de lo que viene,
la acción se dirige más que nunca a revalorar profundamente
de dónde venimos, es decir, rescatar todas aquellos elementos
que nos han conformado en lo que somos como individuos y como especie,
finalmente, somos la acumulación de muchos futuros deseados en
un pasado o la consecuencia de la inopia de quienes nos preceden, indiferentes
ante el eslabón siguiente temporo-espacial.
Es de esta forma
como “el saber de los demás aplicado al nuestro”
y al de cada uno de los estudiosos que han aportado en el desarrollo
de la humanidad nos compete en una distribución social de ese
conocimiento para bien y preservación de lo mejor que se nos
ha dotado: la vida. Ya antes Kepler anticipó imaginativamente
lo que había en la luna por medio de las matemáticas y
Renan se aventuró en descifrar los enigmas de la religión
del futuro hecho que influenciara a su discípulo Anatole France
al narrar la vida de uno de sus personajes que después de ir
a dormir en el año 1903 despierta en el 2227 como ciudadano de
una Federación de Naciones, o las maravillosas historias de Verne
ubicadas en el ayer y mañana de un periodista americano en el
siglo XXIX. Con estos testimonios, la composición dialéctica
del futuro se vierte holística e inagotable, desde la imaginería,
la religión, la ciencia, la ficción, el arte y la misma
cultura.
Sin embargo, no
siempre esta expectación ha discernido entre lo divino y lo ficticio,
también la experiencia sobre la realidad ha arrojado valiosas
aportaciones que hacen uso ya de nuevas disciplinas producto de la condición
evolutiva del hombre y su relación con la técnica. Malthus
mostró gran preocupación en el siglo XVIII por la multiplicación
proporcional de la población en Inglaterra en relación
con la alimentación. Vemos entonces en el Ensayo sobre los principios
de la población (1798) de Malthus “el acento en la especulación
de alto nivel sobre el futuro y pasado tal como estos afectan a los
seres humanos”(6).
Una representación
similar fue exteriorizada por Marx y Engels quienes “creían
que el futuro podía ser predecido intuitivamente si se descifraba
dialécticamente el pasado y el presente. Considerando la interacción
del continuo perfeccionamiento tecnológico de la lucha de clases”.(7)
El enfoque de la
psicología sobre el futuro fue parte también de las prácticas
mánticas en Sigmund Freud. Si bien sus estudios se adentraron
a la indagación del súper Yo desde su sentido ultrarepresivo,
también proyectaron innumerables estados de la conciencia ante
la angustia de aquello que manifestaban los sueños de sus pacientes.
Descartó con ello la negación de la validez de las repercusiones
oníricas en la vida de los seres humanos; los sueños al
ser representados en deseo idealizado son llevados por el soñador
al futuro. Freud y Marx compartieron entonces la misma visión,
la freudiana que justificaba la congoja por el futuro y la Marxista
por el tiempo.
De la profecía
a la actitud
La historia del
futuro en un pasado es fascinante, ecléctica y de alcance multidimensional.
Me ha sucedido que a veces, al pasar frente a un cementerio, estar en
la sala de un museo observando imponentes óleos de hombres y
mujeres o mirar los bustos de personajes históricos en edificios
antiguos me he hecho a la audaz idea de preguntar a algunos llamándoles
en silencio por el nombre escrito en sus epitafios y placas conmemorativas.-
Señor, señora, mire a su derredor y dígame: ¿Imaginó
alguna vez en su tiempo que el mundo sería lo que ahora ve?.
– Mi capacidad de admiración se expande cuando pienso en
la respuesta de Mozart; Cervantes; Luis XIV; Shakespeare; Marie Curie
o Galileo. Casi concibo la expresión de Newton o Bolívar
o el gesto de Juana de Asbaje o el emperador azteca Moctezuma entre
muchos más que han pasado por mi mente, además de pensar
en la impávida mirada de todos aquellos que yacen en sus tumbas
sin ser remembrados, de la gente común que ha pasado por esta
tierra: madres, profesores, soldados, campesinos, sacerdotes, en fin
todo aquel ciudadano de esta tierra en quien el presente es parte de
su continuidad en la materia y a veces en el pensamiento.
Sin embargo, según
mi parecer, la mayoría de estos personajes coincidirían
en que nunca antes el futuro se ha visto como se ve ni como se asume
actualmente. Las cosas han ido demasiado rápido para las últimas
generaciones lo que nos hace remontarnos a la puntual metáfora
que Gastón Berger ya exponía en la década de los
cincuentas: “Nuestra civilización es comparable a un carro
que corre cada vez a mayor velocidad sobre una ruta desconocida al anochecer.
Se necesita que las luces puedan ver cada vez más lejos para
evitar la catástrofe(8)”. Si bien se ha identificado que
la humanidad se ha transformado como nunca antes en las tres últimas
generaciones, debemos considerar con especial responsabilidad que lo
hará en forma más impactante durante las tres décadas
que están por venir.
¿Qué
es lo que hace diferente a esta época de las que nos anteceden?
Tal vez es que las culturas de antes se desarrollaban en rangos tendenciales
que les aprovisionaban de cierta seguridad y fijaban los límites
de su acción, estaban en aparente condición con su medio,
se sabía del comportamiento cíclico en el ambiente, en
los sistemas políticos, en la economía y en la sociedad,
sin embargo el rasgo más significativo que marca total diferencia
entre el tiempo de hoy con el pasado es el avance en la ciencia y la
tecnología. Por ende, hablar de ciencia y tecnología nos
obliga a pensar el futuro en un espectro proactivo y responsable debido
a que el desarrollo de la tecnología durante el siglo XX y ahora
en el siglo XXI plantea nuevos paradigmas que exigen respuestas más
complejas y de mayor velocidad.
La intención
de vislumbrar el futuro en quienes nos preceden desde las culturas más
remotas y el ser humano de hoy parecen coincidir con la teoría
de Darwin que habla del progreso de estructuras adaptativas y resolutivas
en respuesta a las características en que cada era funciona.
Lo que nos sitúa ante la lógica de gran influencia de
la prospectiva desde la primera mitad del siglo anterior como respuesta
a una humanidad que exigía nuevas respuestas ante sus escenarios
devastadores y decadentes, tendencia que se ha visto enriquecida en
los albores del año 2000 antela llegada del legendario cruce
entre dos milenios.
Desde la década
de los cincuentas, son dos los contextos que marcan la vanguardia en
la usanza de futurar. Por una parte, el enfoque norteamericano impulsó
después de la Primera Guerra Mundial por medio de la RAND (Research
And Developement) el uso de la prospectiva con fines políticos
de estado y con la intención de anticipación como función
de pueblo de conquista, así, los pensadores de la escuela norteamericana
han dotado a las grandes compañías de conocimiento prospectivo
como Russell L. Ackoff que ha transmitido su experiencia en soluciones
de previsión para las fuerzas armadas en armas de defensa para
las empresas que subsiste en un medio de creciente competitividad.
Francia, a la cabeza
de Gastón Berger inició el intento de pensar el futuro
y asumir la acción en el presente para su posible redefinición.
La prospectiva, denominada así por Berger, sería desde
entonces una herramienta que diferiría de todas las formas pasadas
de estudiar y enfrentar el devenir para estructurarse como un instrumento
de análisis holistico naciente de la mano de la acción
creativa y oportuna. Con el uso de la prospectiva, entender el futuro
comenzó a dejar de ser un misterio ante una visión susceptible
de la vida en todas sus dimensiones en un caótico transcurrir
del siglo XX caracterizado entre otras cosas por las peores guerras
en la historia de la humanidad.
La idea del devenir
dejó de verse como presagio y se comenzó a asumir entonces
con una óptica de examen profundo acerca de una variación
de dilemas y su relación a la teoría del caos dirigidas
principalmente a la adaptación anticipada en un entorno vertiginoso
y cambiante del mundo de la posguerra. En años posteriores, el
estudio prospectivo se ha implementado en países como Rusia,
Israel, España, Japón y en América Latina, como
es el caso de Argentina, Colombia y México (en algunos ámbitos),
lo que parece afirmar que la acción responsable tenderá
a desplazar al temor y la creatividad a la sugestión de los antiguos
discípulos de las pitonisas y los oráculos.
El papel
de las universidades en lo futurible.
En la línea
de la academia, los grandes actores en el estudio de los futuros posibles
para la humanidad han sido las universidades que han creado modelos
de análisis crítico y ético con premisa científica.
Jim Dator, académico de la Universidad de Hawaii ha incursionado
desde hace más de una década en temas como la política
marciana y las posibles estructuras sociales en el planeta rojo después
de una probable colonización terrícola. Ya antes, Hans
L. Lindemann, filósofo argentino de la era peronista había
imaginado las posibles formas de vida en Marte y las enseñanzas
que éstos podían compartir en un mundo colapsado en los
años cuarenta en su extraordinaria Filosofía social del
futuro(9). Visiones coincidentes y acciones reales, lo cierto es que
a la fecha, investigadores de la NASA, la Universidad Veracruzana y
la UNAM llevan a cabo exploraciones en el cráter del volcán
Citlaltépetl (Pico de Orizaba) en el Estado de Veracruz para
analizar las condiciones bajo las cuales crece vegetación en
un clima con características casi idénticas al clima marciano.
La Universidad de Houston, también promueve estudios de posgrado
sobre temas de futuro a la cabeza del investigador Peter Bishop y en
Canadá la Universidad Simon Raser hace lo mismo. En México
éstos intentos ya son una realidad en grupos de investigadores
de la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad
de Guadalajara y el instituto Tecnológico de Estudios Superiores
de Monterrey.
La recuperación del sujeto nos hace pensar que somos los grandes
protagonistas de la era de la responsabilidad, a tal grado que ahora
ya no sólo se habla de desarrollo sustentable, sino además
de desarrollo restaurable y existen proyectos que han iniciado en esta
línea de acción como la reconstrucción de Afganistán
y áreas que han sido devastadas por la explotación desmedida
de recursos naturales, lo que muestra que el ser humano del siglo XXI
está más que obligado a formular y asumir nuevas actitudes
de cambio con alto grado de compromiso hacia las generaciones venideras
que quienes nos anteceden.
Comunicar
el futuro
Somos quienes habitamos
en este tiempo seres de la era de la transición. Los mitos y
realidades del siglo XX han dejado de pertenecernos y nos situamos ahora
en un punto de inflexión extraordinaria. A partir de el arribo
del año 2000. terminaron muchas especulaciones con relación
a los futuros del mundo alimentados por la ciencia ficción. Finalizó
un siglo y un milenio que trae consigo numerosos y diferentes paradigmas.
Somos nosotros los herederos no sólo del inmensurable conocimiento
de nuestros ancestros, sino de la enorme responsabilidad de sus decisiones
en múltiples aspectos, tanto de visión como de ceguera.
También somos seres de múltiples posibilidades que pueden
impactar mucho más allá de lo actual; la trascendencia
para nosotros de contar con una herramienta prospectiva radica en que
no somos sujetos a conformarnos ahora con un futuro determinista en
el cual no seremos más que espectadores. Las posibilidades se
expanden y dejan a nuestro albedrío si queremos construir un
futuro que deseamos o permitimos que alguien más lo haga.
Recuerdo mucho
la lección de Daniel Valenti, Asesor del Subnodo Chaco, Argentina,
cuando ejemplificaba ante estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma
de México cómo en la crisis reciente que sacudió
a su país fueron muchos los actores que decidieron enfrentar
de cara a un futuro que les había llegado en forma intempestiva
como el aguijón de avispa y les había arrojado grandes
y dolorosas lecciones. El caso de Argentina es sólo uno entre
muchos que podemos citar, afortunadamente, ante la adversidad, el pueblo
argentino y en este caso los ciudadanos de la ciudad de Resistencia
no sólo se han dado a la tarea de resolver lo inmediato, sino
de construir alternativas para prevenir las consecuencias de estos escenarios
como la plausible apertura del centro de Investigación para la
paz en el que se asumía el problema de la violencia como de “nosotros
y no de los otros”.
La vida del ciudadano del siglo XXI requiere de algo más que
creatividad, implica la participación potencial de todos los
que habitamos este mundo y la necesidad e invención de escenarios
de acción prospectiva que refuten el significado etimológico
(del latín) de la misma palabra: “llegar lejos”.
Siempre, cualquier presente será más llevadero y esperanzador
con una visión de futuro.
Coincido con muchos
futurólogos en el sentido de la gran velocidad del cambio y la
incertidumbre que nos impacta. En la llamada era de la información
y la era del conocimiento, tenemos que asumir la intención de
adaptabilidad ante las herramientas tecnológicas que nos permitan
preservar nuestro sentido como culturas con características definitorias
frente a los demás e incursionar en la dinámica global
de transmitir el conocimiento a la sociedad que busca respuestas ante
problemáticas cada vez más perturbadoras.
Debemos comunicar
el futuro por que no somos nosotros quienes debemos dar solución
a toda la maraña universal en que vivimos. Cada individuo, desde
su contexto puede asumir un compromiso individual, comunitario y local
con visión global. El problema esencial del futuro es la comunicación,
es decir, cómo es que podremos transmitir en forma responsable
a cada uno de los demás lo que puede y no acontecer, el futuro
no es de unos cuantos, todos llegaremos a él y todos debemos
movilizar nuestros esfuerzos para lograr escenarios futuros satisfactorios
que nos alejen de lo funesto.
¿Cómo
entonces, vamos a hacer los ciudadanos del tercer milenio para lograr
que cada quien vea que lo que sucede no es más que el preludio
de lo que puede suceder si no nos apropiamos del porvenir. El futuro
se vuelve más construible si se empeña desde la colectividad
y las habilidades compartidas. Para esto, la ciencia y la tecnología
pueden ser nuestros grandes aliados como lo menciona Ackoff: “Los
problemas que elegimos para resolver y la forma de formularlos dependen
más de nuestra filosofía y percepción del mundo
que de nuestra ciencia y tecnología(10)”.
En ocasiones, algunos ejercicios mentales de retrospectiva, obligada
para entender el presente me pregunto si en un pasado quienes planearon
nuestras ciudades en México vislumbraron que la suma de los habitantes
en la Ciudad de México superaría los veinte millones y
que sería conurbada por los el municipio de mayor crecimiento
en las últimas décadas a nivel mundial como es Ciudad
Nezahualcóyotl. No me imagino las imágenes que el pintor
mexicano José María Velazco hubiese plasmado en sus paisajes
del Valle de México. O si en la década de los ochenta
se hubiese comunicado responsablemente y –por que no decirlo-
con un sentido de amor sobre las consecuencias de la pandemia del SIDA
a finales del 2000. Mucho nos ahorraríamos ahora, tanto en impacto
a la economía, como a los valores de la sociedad y la familia,
grandes amenazas a la seguridad humana hubieran disminuido con ayuda
de una comunicación visionaria.
Como ejemplo, quiero
compartirles una “nota curiosa” que la prensa publicó
en el 2003 una sobre la suspensión de un torneo de trineos en
Alaska. El torneo Iditarod no había modificado su circuito de
mil 850 kilómetros desde hace veinte años, en el 2003
el desfile salió desde Anchorage sólo con fines de espectáculo,
el motivo: la ausencia de nieve. Los habitantes de Alaska cambiaron
los hábitos del trineo por los esquís acuáticos
sobre un lago que solía estar eternamente congelado. Alaska es
más caliente desde hace casi ya veinte años por las variaciones
climáticas y el calentamiento global. Este hecho va más
allá del folklore de los iglúes y las capuchas rebosantes
de pieles apeluzadas. Las autoridades han obligado ya la sustitución
de edificios y carreteras antaño construidas sobre gruesos bloques
helados en su traslado por peligrar ahora sobre ríos lodosos
y líquidos(11). El impacto ambiental de Alaska no sólo
implica aspectos de nieve y agua, en un futuro, regiones enteras corren
el riesgo de catástrofes además de ambientales, sociales
ante la pérdida de playas, las migraciones ecológicas
o la lucha por los recursos aún rescatables.
La información
que compartamos con nuestros contemporáneos ofrece frutos inmediatos,
al mediano y al largo plazo. Si sabemos transmitir los factores de que
depende la sustentabilidad humana en el siglo XXI, habremos ganado batallas
a la pobreza, al hambre, a la violencia, a la exclusión a las
enfermedades, al terrorismo y a muchas de las grandes amenazas para
la humanidad.
También, hemos de construir con ayuda de la herramienta prospectiva
futuros de educación, de conocimiento, de democracia y de una
equilibrada explotación de los recursos y una ética administración
de los mismos. Asimilaríamos los impactos de la globalización
desde una visión compartida y solidaria desde la sociedad civil
responsable, desde un mercado justo y estados transparentes y democráticos.
Tal vez existan repercusiones en el medio ambiente, en el agua, en la
flora y la fauna irreversibles, pero podemos construir una conciencia
de preservación que nos asegure que lo que queda no se perderá.
Notas:
(1)Garrido, reportaje especial Revista Clío, Madrid Febrero 2004-08-10
(2)Esta técnica de adivinación basaba su conocimiento
en los actgos de los animales, los cuales, carentes de voluntad, podían
trasmitir los designios divinos.
(3)Acción relacionada a la alta aruspicina que mediante el fuego
reflejaba los signos de adivinación hay que las víctimas
eran condimentadas para su consumo de tal manera que el elemento de
la lectura era la evolución del humo.
(4)A esta leyenda se debe la historia del nudo Gordiano. Gordion, era
una ciudad de Anatolia, capital de Gordia. Alejandro pasó por
la ciudad en el 333 a. de C., cortó el nudo cumpliendo al pronóstico
del oráculo.
(5)H. G. Wells proyectaba una imagen darwiniana al considerar que las
especies transmitían su configuración alterada a un futuro
lejano donde la selección natural actúa solamente por
el bien de cada ser y sus dotes corporales y mentales tenderían
a un progresión perfeccionista.
(6) Amytage, W.G.H., Visión histórica del futuro. Ed.
Península, Barcelona, 1968.
(7)Amytage, W.G.H., op.cit.,p35
(8)Tomado de “La actitud prospectiva” texto de Gaston Berger
publicado originalmente en francés en Reveu Prospective, núm.1,
1958. Traducción Eduardo Hernández Gonzáles. Dossier,
revista Universidad de Guadalajara, num. 26. México.
(9)Hans, L Lindemann, “Filosofía social del futuro”,
Ed. problemas de América, Buenos aires, 1942.
(10) Russell, L. Ackoff, Rediseñando el futuro, Ed. Limusa, México,
1997, p.9.
(11)Periódico Reforma. Febrero 16 del 2003 . Sección Internacional.
Bibliografía
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1987.
- Amnytage, W.G.H; Versión Histórica del Futuro, Barcelona,
Edo.Peninsula,1968
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- Linderman, Hans, Filosofía social del futuro, Buenos Aires,
Edición problemas de América, 1943.
- Miklos, Tomás y Tello, María Elena, Planeación
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Javier Barros Sierra A.C. y Limusa Editores, 2002.
- Millán, Julio A, Alonso, Concheiro Antonio, México 2030;
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- Toffler, Alvin, El cambio del poder, Barcelona, Plaza & Janes,
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